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MEDICINA ANTROPOSÓFICA

Transformarnos para educar

Por Mariela Gatica Valdes, Médica Pediatra Centro Terapéutico Los Girasoles.

Hacia ti fluya luz que, inundándote, te colme. Con sus rayos entretejo el calor de mi cariño. Mi pensar acompaña con serena alegría lo que vibra en tu corazón. Mis pensamientos han de fortalecerte, han de sostenerte, han de iluminarte. Delante de tus pasos por la vida quiero concentrar mis pensamientos serenos a que se unan con tu voluntad de vivir, y se encuentren en fortaleza por doquier en el mundo, sin desvanecer, por su virtud inherente.

Rudolf Steiner

Cuando por primera vez recibimos a un niño, sea como padres o incluso como médicos, percibimos que ha ocurrido un milagro. Y cuando como padres tenemos a ese bebé en brazos, mientras lo miramos, lo observamos, y lo amamos, sentimos que ese milagro se va transformando lentamente en un verdadero enigma. Milagro y enigma que nos acercan a advertir esa dimensión espiritual del ser humano, a percibir el núcleo espiritual de otro ser, que solo quizás, pueda darse así “naturalmente” en el momento de acompañar a un ser querido en el proceso del morir. Y decimos “naturalmente”, porque es en esos dos portales de la vida, el nacer y el morir, donde esa posibilidad se nos regala. Fuera de esos portales tenemos que “decidir” buscarla en los seres humanos con los que nos encontramos durante la vida.

Ahora, lo que si es seguro, es que la responsabilidad que asumimos al convertirnos en padres, en algún momento hará que el enigma de este ser, nos lleve a hacernos una pregunta: ¿de qué manera voy a ayudarlo a que se desarrolle? Y la respuesta conocida es que lo haremos a través de la educación. Entonces vienen preguntas que surgen de un lugar más profundo: ¿qué es educar? ¿cómo educar?.

No queremos referirnos a lo que comúnmente encontraríamos en el diccionario como educación en el sentido de informar, formar o de desarrollar cierta capacidad intelectual, moral y afectiva, sino a la imagen de educar como lo que ayuda a “hacer surgir lo que está en el interior”, es decir, que podamos a ayudar a nuestros hijos a que se desarrollen con lo que han traído para desarrollar, con la superación de sus dificultades y la multiplicación de sus talentos. Esto requiere una educación “para y hacia la libertad”, que no es lo mismo que decir “en libertad”. Lo primero implica el desarrollo de una libertad interior; así cuanto más libres seamos en nuestro interior, cuanto más seamos nosotros mismos, nos volveremos seres más sociales, más capaces de amar al mundo y de trabajar en él tolerando las acciones de los demás.

Estos interrogantes se intensifican aún más cuando pensamos en las cosas que suceden en el mundo actual, un mundo que muchas veces es hostil y necesita ser transformado. De hecho “nos gustaría” que esto ocurriera antes de que nuestros hijos crezcan. Entonces se hacen visibles los miedos de no saber, la angustia de que les pase “algo” y de la mano de estas sensaciones aparecen la desconfianza, la falta de aceptación y la ilusión de que todo debería estar bien para que ellos solo “tengan” que ser felices. Y esto pone en evidencia los conflictos que existen en nuestra propia alma, porque al mirar un poco más nos damos cuenta que mucho de lo que hay “afuera” no se puede cambiar, que esas son las circunstancias del tiempo y del espacio en que vivimos. Pero también, si reflexionamos con calma, podemos reconocer que el cambio más importante es el que puede darse en nuestro interior.

Es por eso que en el Centro Terapéutico Los Girasoles hemos comenzado hace un tiempo con el proyecto denominado “Escuela para Padres”, cuya finalidad es reflexionar acerca de qué significa en esta época acompañar a nuestros hijos a través de la educación. Y la clave es la auto reflexión, porque para educar a estos seres “únicos e irrepetibles” en un mundo que crece en estereotipos, no hay recetas sobre lo que “hay que hacer” o lo que se “debe hacer”, sino que es necesario adecuar a cada paso y en cada niño en particular, en cada momento y en cada situación familiar, lo que es BUENO, BELLO Y VERDADERO no sólo para el niño, sino para la familia en su conjunto. Pero al decir esto, tenemos que considerar que puede surgir otro peligro que sería el caer en que todo es “relativo”. Por eso nos encontramos no solo a reflexionar, sino a desarrollar las fuerzas para hacer lo necesario, aunque sea difícil, aunque muchos hagan cosas diferentes y nos miren como “raros”.

En concordancia con ello, el pensamiento que nos guía desde el primer encuentro es el que se desprende del lema de Rudolf Steiner “Solo lo que por mi trabajo se transforma en mí, SANA, NUTRE y EDUCA al niño”. La primera parte de este lema tiene que ver con lo que vimos hasta recién, con la transformación que necesitamos en nosotros mismos como padres, para educar. Veamos ahora, ¿en qué sentido eso que se transforma en mí, sana, nutre y educa al niño?

En cuanto al sana resulta importante abordar la imagen del niño a la luz de la antroposofía, comprendiendo que es un ser espiritual que llega a la tierra y tiene que tomar algo del aspecto físico biológico de sus padres y transformarlo en el cuerpo a lo largo de los primeros 21 años. Durante esos años las condiciones que fundemos en su entorno van a colaborar o a entorpecer para que lo anímico espiritual se una a lo físico biológico, y que esa unión se lleve a cabo de la manera más armoniosa posible; sobre todo si tenemos en cuenta que como pertenecen a mundos diferentes, no siempre será tan fácil. Entonces, se trata de sanar en el sentido de lograr el equilibrio necesario para que el cuerpo se transforme en el instrumento más afinado para la expresión de su propio ser, y esto ocurre a través del entorno que les ofrecemos. Es aquí donde la mirada de los límites se revela como un acto de amor y no de limitación, sino de cuidado para que en cada etapa pueda encontrarse con el ambiente más saludable, acorde a lo que va creciendo y madurando en su cuerpo. Cuando como padres surge la necesidad de trabajar respecto a los límites, nos ayudaría partir de esta imagen: el entorno que creamos para nuestros hijos, para que se desarrollen sanamente, ya es un límite en sí mismo.

La nutrición es otro aspecto fundamental y abarca mucho más de lo que habitualmente creemos ya que el ser por su naturaleza necesita comida, pero por su esencia necesita otras cosas. Una alimentación consciente y saludable es importante y esto también lo hemos considerado en la Escuela para Padres, a través de talleres de alimentación y cocina que nos ayuden a trabajar algunos aspectos prácticos, pero siempre entendiendo que no podemos mirar la alimentación a través de normas generales, sino más bien, considerando de manera individual y con necesidades nutricionales diferentes, a cada niño o integrante de una familia. Debemos dejar de lado la idea que todos los hijos de una familia “deberían” comer lo mismo, ya que cada uno puede tomar un alimento o rechazarlo según su constitución.

Lo que necesita por su esencia tiene que ver con todo lo que ponemos en su entorno, con la forma en que el mundo se les presenta. Las imágenes (que les ofrecemos por medio de los cuentos), el juego, el encuentro con su familia, con sus pares y con otros. Valdrían estas preguntas para auto reflexionar: ¿cómo juego con mis hijos?, ¿cómo se encuentra con los otros?, ¿de qué manera?, ¿en qué contexto?. Esto no es para establecer juicios de valor sino para observar en qué situación estamos cada uno y qué podemos dar a partir de allí. Y cuando empiezan a crecer, necesariamente tenemos que pensar en los medios de comunicación, en las redes sociales, en las diversiones y adicciones; porque las fuerzas que los arrastran y bien podríamos decir que los “atacan”, trabajan muy juntas y unidas, pero aquello que para los niños y jóvenes es verdaderamente nutritivo, en general tiene “poca prensa”.

Por último el educa, lleva a cuestionarnos sobre qué valores queremos cultivar en nuestros hijos. Actualmente la competencia, el éxito y la fama, entre otros, parecieran ser como ídolos a seguir, mientras que aquellos ideales que tienen que ver con la libertad, el amor, la verdad, la fraternidad y la igualdad, se han transformado en palabras vacías y clichés. Podemos preguntarnos ¿cuáles son los ideales que nos guían? ¿qué es lo que ellos pueden ver de verdadero, en el sentido de coherente en nuestro propio pensar sentir y querer? ¿qué es lo que mostramos, no solo con lo que hacemos sino con lo que vive en nosotros a través de lo que hacemos y que revela quiénes somos?. A través de estas reflexiones resulta más fácil comprender por qué muchos jóvenes se enfrentan diariamente y sin herramientas suficientes, a un mundo que aparenta no tener salida. Educar se trata de ayudarlos a que desarrollen las herramientas necesarias y aprendan a utilizarlas y a modificarlas, de modo que se conviertan en sus compañeras de viaje. Con ellas podrán construir su propio camino en libertad y mirar al mundo con más amor.

Así como comenzamos esta nota con pensamientos de Rudolf Steiner en forma de oración y que podemos rezar como padres cuando nuestros hijos son pequeños para guiarlos en su camino, queremos finalizar con un lema, también de Rudolf Steiner, que acompaña a los jóvenes de las escuelas Waldorf durante los años de educación secundaria, para que podamos impulsarlos a que ese mensaje los acompañe y resuene siempre en sus corazones; sobre todo cuando este período culmina y empiezan a salir al mundo. Aquello que empezó desde nosotros, se lo entregamos a ellos para seguir fortaleciendo su interior y nosotros podremos confiar en que ellos serán capaces de transformar al mundo.

“Yo miro al mundo
en el que el sol brilla
en el que las estrellas titilan
en el que las piedras yacen
donde las plantas crecen viviendo
donde los animales viven sintiendo
donde el hombre dotado de alma
da morada al espíritu.

Yo miro hacia el alma
que vive en mi interior
el espíritu divino
teje en la luz del sol y del alma
en el espacio sideral, allí afuera
en las profundidades del alma, aquí adentro

A ti yo me dirijo
espíritu divino
pidiendo que en mí crezcan
fuerza y bendición
para aprender y trabajar”.

Rudolf Steiner

Facebook del Centro Terapeútico Los Girasoles

Publicada en Revista La Ronda, Edición Otoño – Invierno 2017.
Revista de distribución gratuita de la Escuela Waldorf Cuarto Creciente