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UN DÍA EN EL JARDÍN

Cada día, luego del almuerzo, la maestra Manuela abre la puerta del Jardín Cuarto Creciente. Uno a uno recibe a los niños que esperan en la vereda junto a sus familias.

Hoy Franco entra con la mama, deja su morral en el perchero y titubea sin decidirse a entrar. Corriendo llega Bruno, con su hermanita Eloisa atrás, y lo invita a su nuevo amigo a construir una casa. Franco rápidamente se olvida de su madre y corre a buscar sillas que pronto serán paredes. La mamá de Matías y la de Gael se quedan en un escalón, como sus hijos les pidieron, esperando a que la maestra les diga que entraron bien. Matías deja su morral en el perchero verde, su favorito. Y ninguno mira atrás. Ya están sus madres asomándose por las rendijas, como tantas otras disfrutando de verlos crecer.

Los niños guardan el cuaderno en el canasto, la fruta en el gran cuenco de madera y entran a ponerse sus pantuflas junto a la maestra Lisa. Pronto ya todos entraron y juegan animados. Se escuchan risas y diálogos, pasitos y pasotes, cucharas en los platos, ruedas en el piso y el martillar de un tronquito.

Manuela se sienta en la punta de la mesa y comienza a pelar frutas, poco a poco algunos niños se acercan y quieren ayudar. Todos lavan sus manitas y comienzan a trabajar. Eloisa y Margarita lavan la fruta en la fuente, Franco la seca con mucho cuidado. Los cuchillitos de Filipa, Lila y Alma están preparados: con mi serrucho, serrucho serrucho…. la maestra Lisa ayuda a Matías que tiene el dedo vendado a cortar, de nada quiere él perderse.

Sobre la mesa mediana se encuentran Simón y Bruno armando los garages para sus autos. Los coches fueron comprados en la tienda de Lihuel, que muy bien defiende a Lorenzo cuando cree necesario. Por la casita se encuentra Catalina pequeña, siempre cuidando de su bebé y del hogar. Ema y Bianca también cocinan y le llevan a las maestras: un mate bien caliente, unas galletitas de frutilla, una torta de cumpleaños. Amittai, Gael y Catalina Grande van de aquí para allá, de juego en juego, riendo y empujándose.

La fruta está lista, cada una en su cuenco. Margarita ayudó a limpiar las tabletas y Catalina pequeña las seca y las guarda. “Somos enanitos, muy inteligentes…” comienza a cantar Lisa y el momento de guardado aparece. Lorenzo lo codea a Gael que sigue jugando y le recuerda : “¡Somos enanitos!”. Lihuel se acerca a una maestra y pregunta de qué puede encargarse:

-hoy sos el granjero

-Con Lorenzo!

-Con Lorenzo

Margarita se encarga de la familia, Bruno y Simón son carpinteros y guardan las maderas, Gael el sombrerero, Ema y Catalina Pequeña se encargan de la casa…

Mientras Manuela prepara las mesas para merendar, los caracolitos son convocados por la maestra Lisa: caracolito, caracolito. Una ronda se forma y los niños cantan.

Ya formados los caracolitos, los llevan a dormir a su canasta. Luego de a uno son llamados a lavarse las manos y sentarse a la mesa. Hoy reparte las servilletas Filipa, y los aguateros son Bruno y Lila. La maestra pregunta qué fruta quiere a cada niño y cantando sus amigos se pasan el cuenco hasta llegar a él ¡Qué rica estaba la fruta! Cuando todos están satisfechos Alma despide la hadita de la luz y agradecen.

Lisa agarra su silla y se sienta frente a la mesita de estación. De a uno va llamando y una ronda va formando. Ema y Margarita se sientan bien cerquita de las maestras, buscando una manito o apoyar su cabeza en las piernas. Con zapatillas o botas los niños corren al patio a jugar.

Misteriosamente afuera la imaginación se expande aún más.

-Una tormenta!- grita Matías y cierra persianas y ventanas imaginarias- abran sus paraguas- recuerda gritando a los niños que están cerca de la maestra.

El juego de madera se convirtió en un barco. Los piratas escapan de los tiburones Amittai y Catalina Pequeña Roles fundamentales fueron designados a Eloisa y Franco, ellos son los cocineros del barco, con suma concentración lo llevan a cabo.

En el arenero tortas y postres son creados por Alma, Ema y Lila, pasteleras profesionales.

Los neumáticos se convirtieron en un colectivo, la chofer es Catalina pequeña, a veces Bianca otras Matías. Todos pagan con tarjeta.

Adentro Filipa ayuda a la maestra a guardar los cuencos limpios, siempre servicial y amorosa ella se muestra en la tarea. También Bianca desea ayudar, guarda dos cuencos, se cansa y ya se quiere ir. Filipa se queda hasta concluir la tarea y solicita otras a continuación. Al salir busca una soga y arma el juego de equilibrista. Con Alma la sostienen y cantan alegremente.

Amittai cae y se lastima la pierna, ante el llanto pronta está la maestra para ver qué sucedió. El Niño pide cremita y curita, Catalina quiere ir con su amigo preocupada. Acompañado y curado vuelve con su curita a jugar.

Bajo el juego de madera, grandes pozos están haciendo:

-Cocinemos una torta venenosa- propone Amittai ya recuperado

-Si! Para envenenar niños – agrega Catalina p

-No, porque nosotros somos niños- reflexiona Simón

-Ya se! Para envenenar fantasmas!- los anima Bruno

Los enanitos vuelven a aparecer, las palas y los baldes son llevadas a sus canastas. Matías y Catalina pequeña ayudan a barrer y tamizar la arena. Lihuel y Lorenzo desatan las trampas que hicieron con sogas y las llevan a guardar. Con la fuerza de Lila, Alma y Ema se cierra la lona del arenero. Un caracolito los invita a ir tomados de la mano hacia su lugar en la ronda de la sala.

De a uno irán a lavarse las manos, reciben su cuaderno y morral mientras esperan en la ronda a la hadita de la luz.  Hoy el aceitito lo pone Ema, con suma suavidad.

Una gran tela verde sobre la falda de la maestra Manuela hace de campo y dos gallitos son invitados a contar su historia. Gael acompaña la narración repitiendo palabras y Amittai con sus preguntas. Cuando cresta dorada se queja porque una sola semillita no le va alcanzar, Catalina pequeña se apresura a ofrecerle más con sus manitas formando un cuenco.

Despedimos al hadita de la luz y con ella un día de Jardín en Marzo.